14 de enero de 2007

¿Sorpresa Sorpresa?


Pongo la televisión y me sorprende un rostro anónimo de una persona de color… cara sudorosa, castigada por la vida, sorprendida… cuyos ojos llorosos, intensos, me dicen que ha sufrido mucho y durante mucho tiempo.
Esos ojos me cautivan, no tanto por lo que muestran, sino por lo que esconden... sigo viendo la caja tonta y me doy cuenta de que tengo puesto el canal de antena 3. "Sorpresa, sorpresa" el programa en cuestión.
Al lado de nuestro protagonista, acercando un micrófono a su boca, una presentadora famosa recita unas palabrejas sobre historias de duendes en África. Se lo están chivando por el pinganillo. No tiene pinta de leer libros de literatura africana. Más bien de mirar el “hola” a ver si esta vez ha salido con sus zapatos de Prada.
Escucho y me entero que el negro lleva 13 años sin ver a su hijo. Prácticamente desde que nació. Y lógicamente le van a dar una sorpresa… Pero la escena que se desarrolla en el plató es sobrecogedora; se palpa en el aire la tristeza, la tensión de un rencuentro que está a punto de producirse: el de un padre que tuvo que irse por motivos económicos de su amada tierra a Europa, dejando atrás absolutamente todo: familia, amigos, cultura, experiencia... parte de su dignidad como ser humano…
Al poco su hijo aparece en medio del escenario. No sabe muy bien que hacer. Se va acercando a los brazos abiertos y anonadados de su padre. Los dos se abrazan, se besan, lloran... y el resto de España consume con avaricia capitalista el momento más íntimo de la vida de estas personas...
Y yo me pregunto ¿por qué?
La presentadora, algo emocionada, sale del paso diciendo que gracias a la televisión ocurren estos milagros. Ya estamos mirándonos el ombligo una vez más, querida televisión... Pero esta vez os he pillado.
Me enjuago las lágrimas de los ojos (era para emocionarse) y mientras las últimas gotas de sustancia salina se desvanecen de mi rostro me doy cuenta de que estoy siendo manipulado: Todo el poder persuasivo de la televisión sintetizado en unos cuantos fotogramas y una pizca de teatralismo. Es macabramente perfecto, el director del programa tiene que estar llorando también, pienso, de alegría, no tanto el reencuentro de dos personas anónimas, sino por la audiencia que estará consiguiendo el programa en esos instantes. Echan sus redes a la pesca de nuestras emociones, para arrancárnoslas, manosearlas y ponerlas a la venta… Y hoy les ha salido bien… Esta noche he vendido mi alma durante unos minutos, y no precisamente al diablo, sino a su Ilustrísima Majestad Doña televisión.

Y yo me sigo preguntando... Si tanto quieren ayudar las cadenas de televisión a esas pobres gentes... ¿Por qué ayudar a uno pudiendo ayudar a miles? ¿Por qué no coger unos cuantos cientos de miles de euros, o unos cuantos millones (calderilla comparado con los multimillonarios beneficios que la cadena consiguió en el 2006) y ayudar de verdad?

ES SENCILLO: LA TELEVISIÓN SÓLO AYUDA SI OBTIENE BENEFICIO ECONÓMICO EN FORMA DE AUDIENCIA.
Bendita iluminación!

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