6 de mayo de 2013

Internet. La cultura del amateur y la burbuja de filtros.


Últimamente he estado reflexionando sobre cómo percibimos la realidad gracias a Internet y hay dos tendencias o paradigmas de comunicación que me llaman especialmente la atención, porque de alguna manera creo, amenazan la libertad, la independencia y la igualdad de acceso a la información...

Por un lado, está lo que Andrew Keen denominó en su día “La cultura del amateur”, donde nos encontramos con una realidad preocupante: la mayoría de contenidos que se publican y se comparten en la Red no tienen el más mínimo filtro “editorial” o “profesional”.


blog.vint.sogeti.com 
Dicho de otra forma, gracias a la tecnología de la Red, cualquiera puede crearse un blog sobre nutrición y publicar sus “dietas milagro”, sin ser nutricionista o sin tener la más mínima formación (o cultura) al respecto. ¿Quién filtra que ese contenido sea lícito o ético? ¿Quién “comprueba” la información? ¿Quién o qué le otorga cierta credibilidad?




La respuesta es sencilla: nadie. Absolutamente nadie.

Ahora multiplica todos los sectores comerciales, de ocio, productos y servicios existentes por el 1% de la población mundial (la que según las estadísticas publica habitualmente en Internet) y piensa en el resultado: millones y millones de post, artículos, tweets, menciones, blogs etc. Llenos de “basura informativa” o de pseudoinformación…

No se trata de tener o no libertad de expresión. Para mi se trata de tener el mismo grado de responsabilidad que de libertad.

Otra realidad que ya está en nuestras vidas y que está influyendo ahora mismo en nuestra percepción del mundo es lo que Eli Pariser define como la "Burbuja de Filtros".

commons.wikimedia.org

Según comenta Eli, gracias a la tecnología de sindicación de contenidos (Google Reader, Facebook search etc.), que posibilita la hiper-personalización de los resultados de búsqueda, el usuario de la Red está quedando atrapado en una "burbuja de filtros" que obstaculiza el acceso a otras informaciones que podrían desafiar o ampliar nuestra visión del mundo.

Como bien describe Javier Vega en su Blog: “Lo que puede parecer positivo -la personalización, como un servicio mejorado-, adquiere tintes más siniestros cuando caemos en que Google News, Yahoo News, The Washington Post, Amazon, Netflix,…, y un creciente número de agentes te filtran la información algorítmicamente según lo que creen que quieres saber, comprar o leer." 

La consecuencia más inmediata a mi entender es el empobrecimiento personal y cultural de los individuos, ya que se está limitando el contraste cognitivo,  tanto para criticar como para complementar la información que se busca.

Juan Merodio habla de web 3.0 al referirse a la personalización de las respuestas por relevancia, pero de forma mucho más descriptiva y aséptica de lo que se hubiera esperado. 

Si bien antes esta "censura" la ejercían las industrias culturales y los grandes grupos de comunicación, porque designaban de qué temas se hablaban y de cuales no, ahora la "verdad" nos está siendo delimitada, filtrada y censurada por sistemas matemáticos, por robots sin ideología o algoritmos sin "alma". Mucho más eficientes y aterradores, a todas luces... ¿no?

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